Este otoño es de los más desgraciados.
Ya no te puedo ver más, no te puedo saludar con un beso, y me privo de tus abrazos, no tomamos una cerveza, ni nos reímos a carcajadas.
Las hojas igual caen, la naturaleza no para.
Anochece antes, sale el sol después. Igual no nos damos tanto cuenta porque estamos adentro.
Igual seguimos corriendo a otro ritmo o con otra forma, pero seguimos.
Hay días que los horarios son más laxos pero no estamos de vacaciones, no se puede no hacer nada.
Si trabajamos desde casa las horas son interminables porque se intercalan con las otras mil actividades domésticas y si quedaste desempleado o en el seguro, estás arreglando todo lo roto, ordenando cajones, poniéndote al día con la facultad o cocinando.
Nos agarro una nostalgia que queremos ver a los que no veíamos y los llamamos por zoom al principio, hasta que nos dimos cuenta que 40 minutos no nos alcanza para decir todo lo que queríamos.
En algún momento ingenuo, pensé que iba a terminar el libro, que iba a comer mejor, que iba a ver esa peli demorada en los 40 minutos y me dormí. Salvemos que mi situación es especial pero abstrayéndome de ella, nada de lo que imaginamos se logró.
Ayer tuve un momento trascendental, fui a una masajista profesional para aliviar los dolores insoportables de espalda y brazo derecho que tengo desde que todo empezó: la caída, la fractura, el hospital y el casi mes del cual estamos conviviendo y cuidándolo y ya no nos vemos.
Si, salí del encierro. Use todas las medidas de precaución: tapabocas, alcohol, etc…
Estuve una hora y media detenida en el tiempo. Increíblemente se me caían las lágrimas pero no de dolor, algo así como un soltar. Me sentí ampliamente cuidada y mimada. Ella no podía creer cómo estaba caminando con mi contractura.
Y ahí todo se unió.
Hace 3 años decidí empezar a cambiar mi estilo de vida. Quería correr menos, hacer lo que me gusta y disfrutarlo. No importaban tanto los bienes, o el nivel, lo importante era disfrutar, no correr, contemplar, ayudar.
A ese camino que todavía le faltaba un montón, se vio interrumpido por este desgraciado otoño. Nunca dejamos de correr, disfruto menos que antes, extraño más que antes y debería estar más tranquila. Leí libros que me encantaron solo por un compromiso previo y no termine la peli. No conocí Cinemateca antes de que todo empezara.
¿Qué es lo qué hay que cambiar? Evidentemente no es externo, nos pararon, pero seguimos, nos obligaron, pero no paramos. El problema está adentro, individual y colectivo, contemplar, descansar, disfrutar y aspirar a ser un poquito aunque sea mas felices. Yo estoy lejos, salvando mi situación obvio, y poniéndome a la altura de todos los mortales.
Todavía quiero leer los libros, quiero ver la peli y otras, quiero saludarte con un beso y abrazarte y quiero conocer Cinemateca.

