Skip to main content

Hace 4 años o un poquito mas escribí este texto, primero lo ví, después lo escribí, sabía lo que estaba viendo, podía describirlo, pero no lo había vivido. Hace casi un año en un ratito donde compartí algunos textos míos, presenté este texto. No sabía lo que iba a pasar ni siquiera si lo iba a poder leer, lo único que sabía es que tenía que leerlo.

Quedó con el sonido bajo y no me pareció que se iba a escuchar. Hoy me acorde de el y lo necesité, necesite recordar que se termina la noche intensa y que siempre hay alguien del otro lado esperándome. Amaría que lo compartieran y me imagino un corto con este texto…en fin el tiempo dice, que diga… El video es largo abajo les dejo el texto por si a caso…

– Texto completo –

Night – mi eterna noche de soledad.

En el medio de la noche me doy cuenta que no veo. 

Me doy cuenta porque dejo de sentir tu mano que me cuida, que me lleva. 

Es verdad, más que noche era un túnel, súper oscuro, espeso, tupido, casi sin aire o con el suficiente para mantener la marcha.  Cuando me di cuenta de que no veía nada, hacía rato que no sentía tu mano, pero algo de resplandor quedaba o me lo imagina y por eso podía seguir. Ahora no veo nada. No sé cuál es norte, ni por dónde venía ni si retrocedo. Es la oscuridad total. Piso y no estoy segura que piso, la única convicción es que no puedo caerme. Tampoco sé dónde es abajo, abajo es esto, abajo ya estoy. 

Te llamo, sé, estoy convencida que no me dejaste sola, vos nunca me vas a dejar. Esa convicción me mantiene caminando. 

Estoy muy cansada, quizás estoy caminando en círculos, capaz que retrocedí, no se. Perdí el sentido de la orientación. Busco el resplandor, el final del túnel. Pero hoy no veo nada. Desde que me soltaste no veo nada. Cuando me di cuenta que no sentía tu mano, sentí un escalofrío y el corazón casi se me sale. Tuve muchísimo miedo, me calme en tus palabras, respire y puse a prueba todo lo que aprendí: relajación, oración, todo lo que tenes a mano sola en medio de lo que parece una noche interminable. Me repetí tus palabras hasta darme cuenta que las decía sin pensarlo. Tantas veces me repetiste que no tuviera miedo, que sea fuerte, que no tuviera miedo, que no tuviera miedo, que no tuviera miedo. Ya sé, esto es una prueba, por eso me lo repetiste tanto, tengo que ser fuerte, cuando veas que soy fuerte, cuando me sienta fuerte me rescatas de acá y todos los colores vuelven a su lugar. 

Eso lo puede pensar creo que 3 días. Sin luz perdí la noción del tiempo, lo conté por las veces que me recosté sobre lo que me pareció que era fuerte y me dormí. El barullo me despertó de todos los que hoy yo llamo días. Si había barullo había gente, si había gente había una luz, estaba cerca. Pero cuando abría los ojos esperanzada, todo seguía igual. 

¿Qué diferencia entre dormir y estar despierta?. Todo se veía igual. Después de esos 3 períodos de cansancio (es más justo decirlo de esta forma) me dí cuenta que lo estaba repitiendo, que solo lo estaba repitiendo. Que tenía miedo, el peor de todos los miedos….que te hubieras olvidado de mí o peor que no existieras que nunca hubieras existido, que yo te hubiera imaginado y que nunca hubiera visto la luz.
No puedo hacer más que llorar, lloro amargamente como con un desgarro, con un profundo sentido de soledad, lo hago a los gritos, nadie se va a enterar, puedo demostrar lo débil que soy, lo niña, lo torpe, lo que te amo.
Lloro hasta cansarme, hasta que no me dan ni las fuerzas ni las ganas. Hasta que la rabia del abandono y el dolor de la soledad me sueltan o las suelto. Vuelvo a respirar (eso sí funciona) me clamó, siento el aire o el poco aire entrar y recorrer mi cuerpo, oxigenar cada célula. Exhalar y sentir la vida que despido y la vida que tengo. Me doy cuenta que en medio de la nada, la noche o el túnel sea lo que esté viviendo, estoy aún viva. Recobro la razón me limpio la cara con mis manos y tiro rápido el pelo para atrás. Me toco, examino la ropa que llevo y en el estado que está. Acomodo la camisa y me calzo mejor el jean, tanteo los pies y confirmo que aunque estén congelados están cubiertos. Me vuelvo a conectar conmigo y vuelvo a sentir la vida de mi respiración. Ahora tiro rápido el aire, estoy apurada no quiero perder tiempo quiero seguir adelante. Ya no por la luz, la salida o tu mano sino porque estoy viva. 

Disfruto caminar al tanteo, empiezo a tocar, a caminar pero lento, a reconocer el lugar a oler más y estar más atenta a los sonidos. Supe donde estaba, camino a la playa. Tuve que agacharme para confirmar la arenosa firmeza de la tierra que pisaba. Ahí me acorde que en la espesura de los campos al costado de la playa no se ve la luna. Una esperanza confirmaba que estaba viva. Olí profundamente y al final sentí el olor a mar. Era muy lejano, seguro que estaba a kilómetros pero confirmaba la esperanza. Agudice el oído pero no escuche nada. Seguí caminando con mis manos y nariz. Si cerraba los ojos era mejor, no esperaba ver ,no esperaba el sol ni las sombras, los ojos cerrados anulan la esperanza y la desilusión. Otra vez me cansé. 

Vivir por vivir, sola, sin certezas y con la incertidumbre de saberme perdida, olvidada o muerta desarmo mi coraza de respiración y relajación. Debo admitir que ha sido la mejor herramienta para calamar la ansiedad, para conectarme conmigo, pero no ha sido la solución ni trajo el camino que necesitaba para pasar el túnel. Un par de cosas más sabía pero aún no podía hacer nada con eso. Estar cerca de la playa podía ser útil; si supiera que playa. Cada respuesta me hundía en más preguntas. Tengo mucho frío, lo que comí no fue suficiente y estoy cansada de caminar. No sé hace cuanto no me baño, no sé el tiempo que llevo acá. Prefiero quedarme acá sentada. Levanto y acomodo una de mis piernas y después la otra, hay lugar para mis piernas estiradas!, me resbalo, buscando la comodidad del regazo caliente de mi parte de la cama. Está bien, no es tan incómodo, no hace tanto frío, podría dormir muchas horas. Si estoy muerta nadie me podría dañar más y si no lo estoy luego de cualquier encuentro lo voy a estar. En definitiva lo peor ya pasó, lo peor es estar acá. 

Me duermo, entro en un profundo sueño, lleno de luz, de risas, de llantos, de deudas, de gritos. Me despierto sobre exaltada, el barullo otra vez, hay gente, hay luz, vuelvo a casa. No hay nada, lo volví a soñar. Tomo el impulso para levantarme y seguir y me dejo caer. En la oscuridad no hay diferencia entre caminar y estar quieta. Tengo pocas reservas, si camino y no encuentro comida me voy a cansar más, me quedo quieta, me lamento, me lloro, me abrazo y me duermo. Abro los ojos, esta vez no x barullo, sino porque ya no tengo sueño. Me vuelvo a quedar quieta, respiro y pienso otra vez en vos. 

Pienso en cuando te deje de sentir, en cuándo me di cuenta, repaso metódicamente cada instante. 

Y en la tranquilidad y el reposo me doy cuenta, sí, me doy cuenta, que hay una variable que no consideré: y si yo me solté y me perdí y vos me estás buscando y en el afán y la ansiedad de hacerlo sola me estoy alejando de vos?. Y si me estás buscando y cada paso que das, yo voy por el camino contrario?, si estoy tan preocupada en encontrar el camino que agudizo mi oído para el mar y cierro completamente mis oídos a tu voz?. Qué hago? Shh…, me digo a mí misma no hagas ruido, escuchá… Seguro que me aleje un montón, o por lo menos vengo caminando todo lo que el cuerpo me dio. Pero no puedo volver porque no se donde estoy. Me desespero, me agarro la cabeza suelto el pelo. Grito, grito dese lo más profundo de la frustración, de que no exista la opción que me hayas abandonado, que te duela tanto como a mí el desencuentro y la pérdida. Esa esperanza es torturante en este momento. Respiro para tranquilizarme, y vuelvo a pensar en tus palabras, en todo lo que me dijiste, busco y revuelvo en nuestras largas charlas, tus cartas y mensajes. 

Capaz que fue en ese momento que empecé a sentir en mis mejillas la sensación de calor. Empezó a leerse una de tus historias y un «nunca te voy a dejar» se encendió como reguero de pólvora en el lienzo de mi mente. Vos me prometiste que no me ibas abandonar, por nada ni por nadie. Entonces tengo que esperarte, me estás buscando, seguro me estás buscando. Hago silencio y me siento atenta, me toco la cara porque siento ahora desde afuera una leve sensación a calor. Pero sigue todo muy oscuro, no veo nada, ni huelo nada ni oigo nada. Ahora aferrada de tus palabras de lo más profundo de mi corazón, espero tranquila a sentir tu mano en mi espalda. La sensación de calor la empiezo a sentir más clara en mi nuca. Con miedo, y una mezcla de sentimientos me doy cuenta que la luz, el sol o el fin del camino lo tengo a mis espaldas. El barullo es más claro y más cerca, el piso tiembla, una estampida en dirección a la luz, me rodea. Llego a distinguir cada vez con mayor claridad las caras, alturas y razas. Es una mezcla increíble de pasos, apurados pero ordenados, felices y llorando que se iluminan con la luz. Van juntos, todos juntos en grupo, se miran y festejan,…se terminó la noche eterna, la oscuridad, la soledad. Varios ojos se pechan con los míos, esperan una repuesta de alegría o celebración, pero yo te busco a vos en todo que miro. Mi corazón empieza a latir fuerte, un sudor frío recorre mi cuerpo avisando que el desplome es inminente, que si tu mano no me toca me desarmo. No solo porque estoy cansada sino porque ya se cayeron todos los tipos de escudos que tenía: las certezas, y las seguridades porque en esta noche profunda descubrí que sin tu aliento no vivo, y si vivo no tiene sentido. Las piernas tiemblan las rodillas no pueden más, se doblan y mi cuerpo casi toca el piso cuando siento tu calor en mi mano derecha. Tu voz de trueno y la dulzura de tus palabras. Estalle de felicidad. 

Desperté del otro lado. No sé cómo salí, ni que pasó. Lo que puedo contar es que cuando deje de correr me encontraste.

One Comment

  • Juan P. Salazar dice:

    Pao, que lindo que lo compartas por este medio. Todavía me acuerdo cuando lo escuché en vivo, leído con tu propia voz. Saludos!

Deja un comentario