Mi memoria no tiene la capacidad de recordar caras y nombres. Cuando los cruzo me saludan, pero no se bien quiénes son, ahora si me hablan, si me ayudan un poquito a recordar nos abrazamos.
Mi memoria se aferró solo a los mejores momentos de mi vida, mi infancia en la Teja, mi perro Batuke y la segunda vuelta del liceo.
Cómo amaba irme al Parque de UTE de vacaciones!.
Mi memoria solo sabe hablar de amor. Del resto se olvidó.
De cuando parí 3 hijos con dolor pero no podía dejar de verlos una vez que nacieron.
No es que no habiten en mí otros recuerdos, solo que los vívidos, los fuertes son las caricias de la abuela y la piel suave de mamá.
Mi memoria es como un conejo blanco suave pero pequeño.
También habitan las memorias sensoriales esas son poderosas en mi.
Todavía sé cuál es el olor a desodorante que usás, como olían y sabían a las tortillas de papa de la abuela Aida y los olores de su cocina. Me acuerdo de la textura de la colcha verde aterciopelada que cubría la cama de ellos.
El Nesquik de frutilla, los ticholos del Chuí. El olor a pino en Cuchilla Alta. El olor del hotel y a las sábanas que queríamos creer que eran sábanas limpias, pero siempre tuvimos la duda. Del buen vino que nos costó elegir pero valió la pena y las Norteñas que tomamos juntos. Las discusiones debajo del perfumador del living con olor a Daniel Cassin.
Pero el olor a mar, ver las olas romper y el ruido que hacen, tocando la arena mojada y entrando en mi boca el sabor a sal fuerte, es imborrable.
Y absolutamente desde mi inconsciente viene el olor a Mc. Donalds de cuando era la salida familiar preferida, que ellos jugaran horas en los toboganes y nosotros comíamos el sunday de chocolate; eso está grabado en mi memoria.
Ahora tengo una memoria construida, una que la hice fuerte hace cuatro años atrás cuando terminé secundaria y tuve historia uruguaya. Esa memoria la creé leyendo libros, escuchando a un profesor que hablaba muy bajito. Esta historia empecé armarla con los recuerdos de mis 10 años cuando se votaba verde o amarillo, cuando se habla en casa y no muy fuerte, que mamá había estado detenida una noche por culpa de la tía que estaba en un lista de no se que y un par de tíos también habían sido detenidos varios días. Pero nunca había entendido a que se referían.
A los 40 hice el mapa de mi historia como uruguaya, una historia re-construida.
De lo único que me acuerdo es que en 1991 la profesora de biología de 2do. año cuando entrábamos al salón corriendo como “vacas sin corral” diría ella también, siempre repetía “hijos de la dictadura tenían que ser” (generación 1977).
Como diría Saramago: «Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia«.*
La profesora no sabía que aunque pasaran 40 años nos iban a enseñar lo que no sabíamos, y a través del poder de la memoria no nos íbamos a olvidar de ninguno, y seguiremos transmitiendo a los que vienen nuestra historia: la uruguaya.
*https://www.rioja2.com/n-107441-3-se-empieza-por-el-olvido-y-se-termina-en-la-indiferencia/


Linda reflexión! Que el olvido no se convierta en indiferencia. Abrazo grande!