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Esa tarde de otoño en la plaza, las hojas de los fresnos ya danzaban de acá para allá al ritmo del silbido del viento.

Él no muy contento pero si convencido le soltó de una vez todo lo que llevaba dentro :
– Amor mío sabes muy bien que lo que no fluye, se opaca y se seca como la gramilla con la helada de el invierno, tan verde y fuerte que fue nuestro amor en primavera, miralo ahora esta como este árbol de fresno, desnudo, pobre y entristecido.
Si no hay mas que decir, ni hacer dejémoslo ahí, si querés guardemos lo vivido en algún rincón desocupado de la memoria. En el cajón brillante y colorido depositamos los bellos recuerdos, mientras que en el cesto deshilachado y opaco descartamos los malos tragos, sabores amargos y demás.
Bueno, pero…ya que tanto hablamos de momentos, no se… que pensás vos?…y si el tiempo y nuestra voluntad quiere, derretiremos el hielo del desinterés, con palabras dulces , comprensivas y abrazos cálidos , transportándonos al momento exacto donde se cruzaron nuestras miradas por primera vez, donde habíamos dejado de ser vos y yo, donde éramos ni mas ni menos que nosotros.

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