Frustraron más de una noche de encuentros, un sueño de vida juntos, una cena, una clase, un nosotros.
Yo espero que vos me des, lo que vos, ni si quiera sabes que yo quiero que me des.
Y vos esperas, que yo actúe en tu tiempo, como vos queres, y seguramente, esperes que te de algo que no te puedo dar.
Peor aún, cuando llega al lenguaje escrito, cuando no media una mirada o el tono de voz. Se recibe y se manda un mensaje y cada uno interpreta lo que quiere, según sus expectativas y su cantidad de palabras acumuladas.
Cuando no son cumplidas; generan frustración, enojo y a veces mucho dolor.
Esperaba esto o aquello, me dijiste, o me escribiste, o te pedí, y me prometiste. A veces por torpeza, otras por ignorancia, unas por ansiedad y otras por desinterés. Algunas se pasan por alto y otras duelen tanto.
Mejor no esperar nada de nadie, que cada uno de lo que quiera dar, cuando pueda y donde quiera y tenga para dar, y si estamos en sintonía lo recibido será recíproco.
Pero expectativas no, ni en un libro, ni en un vino, ni con mi compañía. Que me sorprendan sí, la vamos a pasar muy bien, los que me conocen saben que amo las sorpresas; siempre y cuando no sean solamente para limpiar culpas.
Respiremos y exhalemos aire sin ilusiones imaginadas, ni deudas, ni fantasmas que están y se van y palabras mal interpretadas.
Volvamos a respirar nuevas oportunidades, pero esta vez que fluyan, y en el mejor de los casos descorchemos el vino, y mirándonos a los ojos, y escuchándonos atentamente, digámonos todo lo pendiente y cuando las palabras se acaben, que empiecen los besos.

