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Me quede encerrada, me baje de casi todas las materias que estudiaba y muchas veces sentí que se me caía el cielo raso arriba.
No participe en iniciativas colectivas para el bien de mis compañeros o mi comunidad. 
Tampoco comencé nuevos desafíos que en la marcha iban a ser rupturas importantes. 
No salí con amigas, casi no maneje. 

No fue por el coronavirus, eso vino de rebote. 
Fue porque recibí la llamada y mi mundo se detuvo. 
El mundo de muchos de detuvo, algunos tuvieron la suerte de salir corriendo e inmediatamente comenzar sus nuevas vidas. Otros no, nos hicimos cargo. Hay que ser muy fuerte para hacerse cargo, de otro ser humano, de las palabras, de los sueños y de recuerdos. 
Hay que ser muy fuerte para llorar en el baño con la toalla en la cara respirar hondo y lavarla para que no se den cuenta. Para recibir mensajes que te desgarran y seguir como si nada porque es la hora de la merienda o le toca el baño. 

Una vez que esa tormenta de arena pasó, comienza la calma. 
Pero ya no sabes vivir en calma, algo hay que hacer, con alguien hay que discutir que quieran sacar provecho, pero no.  

Es como quedar parada mirando a los cuatro puntos cardinales sin saber para dónde agarrar. 
Empiezan a pasar cosas, vuelven y se arriman personas, y vos todavía mareada no entendes.
Te concentras en lo único que pudiste mantener: un puñadito de materias. 
Ya no sabes a qué hora es apropiado levantarse ni acostarse. 
Y una vez más con las pocas fuerzas que quedan seguís estando y dando el resto que te quedo, porque ojalá fueras distinta, pero siempre das y no medís lo que das.

Mi cuerpo que es experto en deschavarme, ha salido con cuanta enfermedad podía pasarme y hasta ahora he salido airosa. Pero el susto que se pegan los míos cuando termino una vez más tirada en la cama, da para encarar y resolver los problemas subyacentes. Todavía no estoy segura de cuales son. 

Hoy mi rumbo no es fijo y me cuesta reírme a carcajadas, escuchar música fuerte, y pensar en mi cumpleaños.
Capaz un trabajo estable que me marque el ritmo y que me haga mirar a los ojos a muchas otras personas sería bueno, pero por más que lo intente no lo encuentro. 
O irme 3 días a mi lugar en el mundo, para que las letras me abrazan, el sol me pegue en la cara, la brisa me acaricie y la arena mojada se hagan una con mis pies.  Los recuerdos de otros viajes me abracen y los abrace y nos reconciliemos. Comer liviano, pensar poco y si caen lagrimas dejarlas caer sin tener que cuidarme de que me vean.

Y ahí en medio de la nada y en la soledad total, pensar en historias que no conté, caminos para andar y familia para abrazar.  Levantarme  cada día con los rayos de luz que se escabullen por las cortinas, hasta agarrarle nuevamente el ritmo a la vida, esperando que esta se canse de zarandearme. 

Y en todos los casos con una palita de playa que seguro voy a encontrar, trazar el nuevo camino, por lo menos los primeros metros y volver a casa. 


Gracias por acompañarme los últimos 2 años con los post de mi blog en sus wp personales. Ya es tiempo que nos encontramos solo en ese espacio, en el blog. Yo se que a muchos los motiva el recibirlos, pero es una decisión tomada el no hacer más envíos. Seguirán habiendo textos en el blog semanalmente, si funcionará el envío de correos automáticos, y se enterarán por las redes, de aquellos que las siguen. Es tiempo de cuidar su tiempo y el mío; aparte un hábito se construye en 21 días, 2 años fue bastante para los que se coparon en seguir las lecturas las sigan. Gracias x acompañarme y siempre van a tener historias nuevas para leer. Vamos arriba con la literatura!!!💪💪

Para avisos importantes que espero que sean algunos les llegarán si por este medio. Abrazo gigante, gigante. 

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