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Si me dijeran que hoy es el último día de mi vida lo pondría en duda.
Me levantaría como siempre y seguramente te buscaría en la cama por si las dudas.

Y después el día seguiría normal. Cortaría las plantas, bañaría a mi perra, prevería lo que voy a necesitar mañana. Pensaría mucho pero mucho si debería despedirme y capaz por las dudas dejaría programado algunos mails para que lleguen mañana, así evitarme la incomodidad de explicar porque me despido. De todas formas seguiría poniéndome ansiosa por la planificación del mes, del encuentro con los chicos, con mi institución, con todo otra vez.
Pero me tiro en el sillón miro la tele hablo con algún que otro amigo y comparto como todos los domingos con mi familia. En la noche hago el bolso para dos días por las dudas y vuelvo a pensar en los mails y dudo un montón, que vergüenza que ese anuncio no sea, que el trámite previsto sea eso un trámite y a las 4:00pm toda mi vida este de vuelta.
Y sino, a quien debería escribirle?
A quién debería decirle adiós?.
A quién gracias?
A quién perdón?
No, fui lo suficientemente transparente para decir todo.
Bueno solo diría adiós, solo por educación, para que no piensen que me fui sin saludar.  Pero para que pensar en esto, si no va a pasar, fue una premonición sin fundamentos, no creo en lo que no se puede demostrar.
Me acuesto y pido, exijo el mejor orgasmo, por las dudas.
Me levanto muy temprano agarro el bolso en ayunas y entro en esa camilla fría, me saluda el personal y ahí pienso que no mande los mails, que el beso que di es el de todos los días. Me ponen la vía y se empiezan a entrecerrar mis ojos, la anestesia empieza hacer efecto, me aferro a la luz que está arriba mío, hasta que el negro, el silencio y el sin sentir inundó la habitación.  Sí, seguro que di enviar en la sala de espera.

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