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Falta poco para volver a empezar y ya me duele la panza

By Mi lenguaje, Sin categoría5 minutos de lectura


Como no me gustan los finales, me producen mucha adrenalina y ansiedad los comienzos. Cualquiera que sean, estudio, laborales, todo lo que implique un cambio y una incertidumbre.

Cuando iba a la escuela primaria el día anterior al comienzo de clases era casi imposible dormir por tres razones:

1 – porque no sabíamos cual era la maestra que nos iba a tocar. Siempre eran las mismas maestras pero por año habían seguro 3 clases del mismo año, y encima estaba la posibilidad de una maestra nueva. Implorábamos que nos tocara: la más dulce, menos gritona y más linda.

2 – el salón era muy importante, que estuviera cerca del patio o de los baños. Después que íbamos creciendo preferíamos el 2do. piso, daba status subir la escalera ancha de mármol con la mochila súper pesada pero derechos. Éramos grandes.

Y por último – Pero lo que más nos afligía, lo que realmente no nos dejaba dormir era pensar si íbamos a estar o no con nuestros amigos. La escuela era numerosa y como mencioné seguro había tres clases por año.

Nunca supimos como hacían las listas, si nos elegían uno a uno, si nos ponían en un bolillero y sacaban, o un niño enojado era el elegido para armarlas. 

La realidad era que hasta llegar y escuchar tu nombre y apellido, de la maestra buena, y que nombrara también a tus amigos y subiéramos la escalera no pasaba el susto.



Seguramente esto lo tengo grabado en mi inconsciente, porque los comienzos no me gustan, llegar a buscar un salón, entrar como perdida, que las referencias y amistades no estén y empezar otra vez, personalmente me cuesta muchísimo.  De pensarlo me duele la panza.

Que rareza esto de los seres humanos de tener que recomenzar, no estar quietos mas de 20  años y necesitar vínculos para ser.


El peor momento de mi escolaridad primaria la pase una de las mañanas de otoño. Bajábamos muchos del ómnibus y caminábamos 2 cuadras hasta la escuela. Generalmente nos encontrábamos en el camino con nuestros amigos e íbamos conversando.  Yo soy más grande que mi hermano por lo que íbamos de la mano hasta encontrarnos. 


Con mi hermano siempre pensamos en que debían existir botas con estufas y paraguas transparentes (de estos últimos ya hay). 


Una mañana nos encontramos con el grupo, me acerco a mi amiga y la saludo y no responde. Realmente no entiendo nada, escucharme me escuchaba, le vuelvo hablar y sigue sin responderme, me produjo mucha angustia y desconcierto porque nunca me había dejado de hablar nadie. Yo era muy tímida y mis amigos los contaba con la mano. Qué había pasado?, qué le había hecho?. En todo el día no me hablo y nos sentábamos juntas. Al otro día estaba segura que se le había pasado pero me lleve la sorpresa que seguía sin hablarme. Ya me estaba poniendo triste, repasaba en mi cabeza cada juego, cada conversación, cada préstamo en el banco, capaz me había quedado con su goma o el sacapuntas. Revise toda la mochila y nada. Seguro algo muy malo le había hecho, algo muy desagradable le había dicho o simplemente en un arrebato le había dicho todo lo que pensaba y no le gustó. Me tuvo una semana sin hablar, que para una niña fue una eternidad. 
Una mañana me saludo como si nada. Inmediatamente le pregunte porqué me había aplicado la ley del hielo -algo así como el bloqueo hoy- y respondió: que algo que dije (nunca me acuerdo que era) la molestó mucho al punto de no querer hablarme, lo había consultado con sus padres y la solución era que no fuera mas su amiga.   Pero como el enojo se le fue pasando y en realidad sí quería ser mi amiga y vio que yo hice silencio después de los primeros días de patalear, decidió que no era para tanto ya que nos divertíamos un montón juntas.   Después de 31 años de amistad es la madrina de mi hijo menor.   Esa decisión de ella, marcó el valor de la amistad hacia mí y desde mí, – porque entre nos- ambas decidimos volver a ser amigas. Ojalá no pierda la capacidad de ver en el otro lo que me falta, me divierte y me completa, aunque muchas veces no reciba lo mismo.








Patty, es mi amiga histórica cumplimos con 2 días de diferencia, conoce muchísimo de mi, aunque nos veamos generalmente, cuando me cambio los lentes o en los cumpleaños, solo de mirarnos ya sabemos en que anda cada una.




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