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Mi pierna volvió a ver el sol y a sentir el agua salada…

By Mi lenguaje, Sin categoría4 minutos de lectura

Absolutamente reiterativa pero los días pasan por mi y en mi. Yo no los puedo crear, todavía no.
La restauración se auto genera no me necesita ni me pide permiso, me abraza me aprieta.
Es verdad hay una serie de ejercicios que tengo que hacer para que todo vuelva a su lugar, pero aún haciéndolos no depende de mi.
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Volví a visitar el mar.
Miedo, de a ratos flashes de lo que viví y el resto del tiempo pura emoción.
Reconozco que me sentí ridícula con el bastón, o entorpeciendo el camino en las empinadas escaleras -es la primera vez y lo cuento con vergüenza que me di cuenta que no todos tenemos los mismos derechos, el acceso a esa playa era solo para gente que camina-.

Dentro de los ejercicios el más importante es caminar, y la fisioterapeuta me alentó hacerlo en la playa.

Baje las escaleras de tablones flojos y maderas casi podridas bastante asustada.  Con el bastón en la izquierda y casi abrazada al posa-brazos, logre bajar cerca de 20 escalones. Como de costumbre mi hijo del medio iba un paso adelante, corriendo la arena de las tablas que las volvían sumamente resvaladizas.
Llegamos y me pude descalzar, sentir la arena finita debajo de mis pies, el sol en la cara y el ruido del agua fue la recompensa al esfuerzo. Bañarme no puedo por el riesgo del golpe de las olas o caerme, pero sí mojarme los pies y caminar, caminar y caminar.

Las condiciones para la rehabilitación son: caminar derecha mirando al frente, pierna derecha brazo izquierdo, pierna izquierda brazo derecho, del talón a los dedos del pie y flexionar la rodilla.
Esto es automático en la marcha, pero yo lo tengo que pensar.  A esto sumarle: esquivar niños desaforados entrando y saliendo del agua, perros, piedras, pelotas y personas distraídas absortas en sus vacaciones, fue algo así como un camino con obstáculos.  Igual lo hice del brazo de Martín.
Ya cuando me canse nos sentamos a mirar el sol caer en el agua. Mi hija agarro el ukelele y sonorizó el momento.
De niños bajábamos con chocolatada y galletitas y ahora vienen del parador con caipiriña.

Aunque el momento y la sensación fueron increíbles, la rehabilitación super rápida (aunque se me hincha muchísimo la pierna aún).
Por momentos sentía que no estaba completo, soy agradecida pero no poder meterme al agua picada, con olas grandes y agacharme y pasen por arriba mío o saltarlas y me peguen ó que me revuelquen, y me enreden el pelo que me tenga que volver a meter para sacarme la arena.    Jugar a las paletas y correr media playa por la pelotita.   Hoy es como mostrarme el helado y no dejarme comerlo, hasta sentir el olor y no poder mas que probar unas gotitas con la cucharita,  cuando me encanta comer el helado con cucurucho.

En fin como dije estoy mas que agradecida, sino me hubieran operado seguiría con yeso por 6 meses y en 1 mes y medio estoy caminando lento pero caminando. Los procesos me inquietan o simplemente recordar y no poder creer que viví un año tan intenso y terminó tan complicado que me robó el verano completo, aunque todo lo que pase ahora sea mejor ni ahí es lo que esperaba.
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Parece que voy a tener una breve revancha y justo antes de empezar a estudiar y por lo menos voy a volver a sentir la arena en mis pies el sol en la cara, la hamaca, los libros y los buñuelos de algas.

El resto, el verano que viene, no solo lo disfrutare sino que ahí sí, todo lo que faltó y mas.

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