En el 2006 viajé por única vez sola, fui a España a un evento invitada por un cliente. Era todo nuevo para mí viajar en avión, a otro continente y sola.
La ida fue una euforia y la vuelta más, porque atravesé en tren toda España, de Asturias a Barajas.
Sola recorriendo el mundo, te sentís ampliamente fuerte o idénticamente igual a cualquier mortal.
Si bien viajé sola, estuve todo el evento rodeada de gente hermosa de muchas nacionalidades.
Esta vez el acuerdo fue distinto, fue eso , un acuerdo. Los dos entendimos que en 20 años 2 días para mi no eran nada.
La adrenalina corrió por mi cuerpo cuando me subí al ómnibus y cuando arranco. Me fui 2 días sola, a leer, a pensar y a descansar. Alquile un ranchito en el médano de la playa de la Viuda en Punta del diablo.
-Sola? -Si sola!
-Y porqué? -Porque nunca lo había hecho en mi vida.
De la casa de mis padres salí con un bebé en brazos y mi esposo. Y nunca más por 20 años dejamos que ningún rayo de luz nos atravesara.
El rancho es un sueño, a mi me encanto aunque sentí que me quedaba grande. Podía ver el sol entrar y salir desde la cama en el entrepiso. La hamaca paraguaya en lo que vendría ser un porche, fue donde empecé a leer el “Mito de Sísifo, de Camus”.
Me puse en forma, camine un montón, estaba bastante alejada de todo como para hacer compras básicas, pero a un paso de la playa.
-Tuviste miedo? Estando sola.
-Creo que no fui consciente, pero no nunca tuve miedo siempre me siento acompañada.
Almorcé siempre en el mismo restaurant y me hice amiga de una pareja mayor de holandeses que tampoco entendían mi travesía.
El último día decidí hacer lo que hasta ese momento no había hecho pero me fascina: recorrer tipo aventura escalando rocas y verdes caminando 10 km. para ir y volver por la playa, pasando de un balneario a otro. Me levante temprano prepare todo y salí, cada mojón era una valla que había cruzado, uno de los tantos que había logrado en mi año. Llegue a Santa Teresa desde la playa de la Viuda. Tome sol, me bañe y cuando consideré oportuno volví.
Cuando llegue apronte todo y emprendí el retorno a casa.
El silencio, el mar, el encontrarte sola, me dio la libertad de hacer el duelo, llorar y llorar por todo lo que no salió bien en el año y fue mucho, orar, respirar y no tener que cuidarme si me veían, ser libre en la mayor expresión posible. Cenar lo que hubiera, desayunar en una botella de agua cortada porque no habían vasos, hacer que una rosca te dure dos días y las galletitas de miel que adoro me sobraran hasta la vuelta.. estoy segura que fue una de las experiencias de mi vida.
Obvio que amaría pasar otros 2 días con él, en ese mismo rancho pero estos 2 días fueron míos, que lo decidimos juntos.
Quizás, porqué no? lo haga un hábito.
Porque 2 días en 20 años no alcanzaron ni para conversar conmigo misma.


