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El éxtasis que produce el acierto y el fracaso casi se pueden confundir. La angustia extrema de no llegar causa el mismo efecto que la felicidad extrema de haberlo alcanzado.  Dominarme a mi misma, la quietud de mis pensamientos y la sujeción de mis emociones son el examen mas difícil de salvar. El torbellino que habita en mí es casi incontrolable.  El hecho de saber que eso es lo que pasa hasta me da gracia.  En pocas palabras voy mas rápido porque sale todo mal o porque sale todo bien.  Y vuelvo a respirar profundo, y vuelvo a cuidar el detalle de los olores y de la armonía sonora que me rodea, trato e intento domesticarme a mi misma; tranquila como le digo a Lola acariciándole la cabeza, tranquila.  Realmente lo intento pero cuando me doy cuenta estoy sumando y restando, pensando los diálogos aún no dichos o definiendo los colores y las formas.  Cuando me doy cuenta si estoy en mi plena conciencia  (léase de día y despierta) de que ya estoy en el mundo de mañana resolviendo y viviendo me detengo o por lo menos lo intento; si estoy en las manos de mi inconsciencia (léase dormida) solo mi cuerpo detiene el vértigo que vivo hasta en los sueños yendo y viniendo de casas viejas o enfrentándome a oscuros enemigos, solo el puño en el pecho que siento cuando me reanimo es el basta! que me pone el cuerpo a la carrera que corro hasta dormida.  En esto, juegan un papel fundamental los químicos bien recetados que me sujetan cuando no me doy cuenta que ya estoy corriendo otra vez la carrera.  Luego de unos días así sea de no poder resolverlo o resolverlo plenamente, llega el momento de agotamiento brutal donde mi concentración se escapa de mi capacidad de retenerla.  En ese período estoy un poco irritable, muy cansada y hasta aveces confundida con mi alegría o con mi angustia.  Hoy ya lo alcancé y me me siento agotada…también no debo menospreciar las circunstancias que cooperan, así como los que me acompañan en la carrera que los acostumbré a que yo corría adelante abriendo paso y nos es mala voluntad sino malas enseñanzas.  Nos es una queja ni un auto-compadecimiento, en realidad hoy es un motivo de felicidad el que me agita, y quisiera darme cuenta que ya empecé pero solo me doy cuenta que estoy casi agotada….es cuestión de tiempo y de consciencia.  Es la enfermedad de mi era, es la única tranquilidad que me deja el amargo gusto del ansiolítico…no corro sola esta carrera, la venimos corriendo unos cuantos mas 😉

 

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