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Hoy escribo en primera persona, no solo en lo literario sino en lo personal, en mi género el recibido y el elegido, del que me siento orgullosa e intimidada a la vez. Hace unos poquitos días conocí a dos mujeres, debería haber conocido cuatro, pero solo llegué a conocer a dos.
La noche de Navidad o de la familia como se le denomina en mi país, dos de ellas fueron brutalmente arrebatadas y dejados sus cuerpos a los pies de sus hijos en un mar rojo indescriptible. Lo peor fue que en esa noche no fueron dos sino tres en total. Yo solo conocí a las amigas de dos.

Cuando yo estaba sentada donde estoy ahora tranquila después de un día de fiesta, mirando el celular, leo por Twitter lo que pasaba en mi país. Me dió un dolor en el pecho un retorcijón en las entrañas, no lo lograba entender, no las conocía, a ninguna, pero solo de leer el titular me dolía. Lo expresé en casa y me miraron parecía que habían atacado a tres hermanas mías, en una noche, dos lobos, con instintos asesinos, sin conciencia, sin reflexión, con pulso fuerte y firme, sin verlas como seres humanas, caprichosos, tomando lo que creen que es suyo o corriéndolo para poder tomarlo. Me duele porque eran tres mujeres, igual que yo, dos madres igual que yo, y tres con sueños igual que yo. Hice silencio por un buen rato, no entendí que alguien que no fuera un animal actuara de esa forma. Aunque ni mi perra mordió a nadie, menos disparar un arma ó agarrar un cuchillo.

Al otro día sonó mi teléfono y me sorprendió la llamada de una amiga, me sorpredió su llamada. Me pedía ayuda, era amiga de las dos mujeres, de las dos mamás, de las dos arrebatadas, de las dos que ya no están. Me pedía ayuda para sus hijos, unas amigas organizadas por la fuerza del dolor, en un principio desorientadas y luego apoyadas en las ayudas recibidas, abogaban porque esos dos niños intentaran seguir con una vida irremediablemente nueva, que se veía no tan feliz como llevaban hasta un día antes pero que seguro se haría hasta lo imposible que algo de eso fuera.

Están empecinados por derrumbar, tirar, dañar, arrebatar lo que es nuestro por capricho, por frustración por enojo, por no poder poseernos. Hay un grave error que tenemos que admitir, estamos enfermos, no se resuelve con un decreto de distancia, es un tema de todos como sociedad. No podemos acudir a esos métodos para expresar ni nuestros sentimientos ni nuestras frustraciones y si tenemos un problema con el alcohol o drogas, menos somos el objetivo de la solución. Los y las que criamos a estos hermosos hombres y a las que los van acompañar en el camino, hoy mas que nunca tengamos la conciencia clara los ojos abiertos y el corazón enorme, no solo para enseñar a amar bien a nuestros hijos sino amar mas a los que les arrebataron a sus mamás y apoyar a esas amigas que dejaron vacaciones, casas, para cuidar a estos niños, el día de Navidad.

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