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Ellas son mi espejo.

By Mi lenguaje, Sin categoría2 minutos de lectura

Cuando hicimos la última parada antes de volver,
cuando el día estaba gris y el viento soplaba fuerte
no pude otra cosa que absorta mirar, en silencio,
desde mis adentros los más profundos y apenas intentar describir no lo que veía sino lo que sentía:

Las olas, la espuma, me dejan muda.
Los ojos se me nublan
y caen y mojan las mejillas
y recorren mi cara hasta el cuello.

Es una o algunas que me estremecen, mientras que con el cangurito me tapo la cabeza, llego a mirar por un buen rato el mar.

Vieron que se arman?,
juegan entre ellas carreras,
chocan, se potencian,
crecen con elegancia y soberbia y
no caen sino que se ponen un hermoso vestido.
De los que usan las bailarinas de flamenco llenas de vuelos. En este caso blanco, insinúan pero no muestran, te invitan pero si vas te revuelcan.

Cuando tocan la orilla parece que se desarman,
pero creo que solo es parte del espectáculo que brindan
para seguir mirándolas.

Se extiende la espuma, llega,
me quiere abrazar,
pero de inmediato la tiran,
la llaman, la amarran,
tiene que volver porque ahora
tiene que ser más fuerte,
más alta,
más domable o más salvaje.

Mirarlas, me desespera, me desarma,
la inmensidad de su esplendor
me define espectadora del espectáculo,
veedora del show,
sensible cosmopolita de la naturaleza.

Según él las lágrimas se caen porque me veo en cada una de ellas.

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