El milagro es la pregunta que rodea generalmente mis esperanzas.
Lo fantástico, lo redimidor , el cambio incoherente, lo excéntrico, lo poco previsible lo extraordinario. Nunca lo experimente de esa forma, lo espere mil veces, lo pedí 10.000 veces pero nunca se levantó el paralítico por mi oración, ni me regalaron la casa, no creció mi pelo en el momento justo cuando salía del agua bautismal. Los milagros de ese tipo tienen un supuesto de fantasía, infantil de superhéroes, hadas y magos. Más allá de que enfoqué todas mis fuerzas y mis expectativas en la fe o directamente en Dios, nunca vi un ángel, ni tuve una visión de otra dimensión o vi levantarse a un muerto de la tumba.
Es falta de fe, escuché decir a unos cuantos, tu país sufre de falta de fe por eso no hay milagros, lo piensan mucho, eso de la laicidad les hizo mal. Y es posible que sea verdad. Que nuestra postura de fe, este impregnada de la capacidad de comprobación de lo que para nosotros es la realidad.
Ahora porque si creo igual en la vida espiritual o trascendente de este finito mundo, porque de otra forma si puede experimentar la redención y salvación. No hablo ni me refiero al concepto evangélico-cristiano, sino al literal. Ser sobreviviente en este momento de la historia implica muchas cosas, la más compleja es que no lo lograste y quedaste retenido en este lugar sabiendo que en otro momento seguramente se va a terminar. Más allá de lo oscura de la frase anterior es muy esperanzadora. El hecho de sobrevivir está directamente relacionada o más bien ligada a superar el obstáculo de la posible e inminente muerte o final de la vida. Sí, para los que me conocen o no, estuve a punto de morir. Para asombro de los que no lo sabían deseaba escapar urgentemente de la realidad que creía que era la única que existía y podía existir. Y ahí ocurrió el milagro, no bajo un ángel y me detuvo en el momento mismo del acto, no escuche una voz de trueno, tampoco vino un viento recio y abrió las puertas y las ventas, sino que simplemente cuando ya estaba dormida esperando no despertar, llegaron 2 amigas que me extrañaron, que hacía bastante que no veía, que no eran mis mejores amigas, porque mis mejores amigas no sabían lo que iba a pasar. Y en un acto heroico de encontrarme por ganas de verme, golpearon, me llamaron y miraron a través de la ventana ( no sé por qué, yo no insisto tanto cuando voy a visitar a un amigo), y me vieron dormida, absolutamente dormida en el sillón de mi casa. Si estoy contando esto queda del todo explícito que sobreviví a mi misma y supere la realidad aquella que parecía la única según mis ojos en ese momento. Volviendo a los milagros y la fe, en ese momento de mi vida no había una conciencia de la divinidad sea cual fuere. En realidad carecía absolutamente de ella, no había hablado o resado a nadie ni siquiera tenía la capacidad de pedir ayuda. Así que el milagro ocurrió sin que lo pidiera. Hoy abstraída pienso en los brazos que me levantaron y pidieron ayuda. Gracias Lourdes y Nela, no se si alguna vez llegué a decírselos fueron mi milagro!

