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La gravedad me ata a la cama. 
Siento el frío en mi nariz.
Se que va a sonar el despertador y me quedo quieta envuelta en sábanas que no siento por el pijama que me cubre y acolchados que pesan y me dan la sensación de cobijo. 
Se que me tengo que levantar, pero hoy, particularmente hoy no puedo. 
Evidentemente mi sistema emocional se logró desconectar del racional y me dejaron en paz un día antes de la operación, me soltaron y me dejaron dormir. 
Quizás conversaciones pendientes a medio resolver pero por lo menos hay un medio, otras resultas sin expectativas ridículas y otras heridas casi cerradas que vuelven a sangrar en otro desencuentro de los que ya me había olvidado.

Pero todo esto no habla más que de la imposición de una vida, que no es mía, ni la elegí, ni la construí, ni es la que pensaba cambiar.
Rutinas que nunca tuve, horarios que nunca respeté, sueños que se quedaron en la atención médica y médicos con los que nunca pensé hablar.
Encerrada 15 días, incomunicada con lo que me gusta la gente!, mis amigos y salir juntos a la cervecería los viernes de noche.

Este no lo vi venir, solo me atacó como un lobo rapaz, que acecha y no me deja dormir para estar alerta, que se acerca tanto que me mordisquea los tobillos y está esperando el zarpazo para darte en la yugular.  Huelen sangre y saben dónde morder para dejarte tirada.

Pero esta vez no fue, aunque ni yo lo creo, prácticamente pasó la cuarentena y se están cumpliendo 3 meses de su llegada y de algunas partidas y de mi nueva normalidad que casi acaba conmigo pero no pudo.

Mañana vuelvo al hospital a cuidarlo, a prever y hablar con los médicos, a que todo esté bien y salga bien.  Seguramente sola, seguramente insegura, seguramente googleando todo lo que me dicen y hablando con el exterior y chateando para no pensar que estoy ahí.

Después unos días de cuidado en casa, vendrán las soluciones definitivas para retomar mi vida.
Que me di cuenta que me queda tanto tiempo para ser feliz que no quiero perderme en discusiones, ni lágrimas, ni cansancio que no valgan la pena.
Quiero programar los viajes pendientes, por lo pronto uno en familia y uno sola, terminar la carrera que amo, mudarme a otra casa en otra ciudad ú otro país. 

Y mirar para atrás sabiendo que todo lo que me correspondía lo hice, di más de lo que recibí – como siempre- . 
Lo interesante es que aprendí mucho en estos tres meses: hacer yoga (o lo intento), recibir masajes, hablar a la distancia con gente que te aprecia bien, saberme rodeada de amigos, saberme empapada de una familia que me ama incondicionalmente y un compañero que a pesar de nuestras diferencias estuvo al pié del cañón 24/7.
También se de pañales de adultos, de sondas, de vías, de antibióticos y urucultivos, de enfermedades degenerativas irreversibles, de como se conecta una antena de Directv, que hoy cuando te defrauden y te duela mucho, cuando seas viejo es posible que te olvides de todo y solo siga como un loop lo bueno que viviste en el tiempo que lo viviste.

Tengo otra habilidad para mi Linkedin, cuidadora con experiencia en adultos mayores, con o sin cariño de por medio. De todas formas esta capacidad va a quedar guardada solo para que las personas que me amen bien y yo ame y sepa que me necesitan o quieran mi ayuda.

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