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Amo esa semana al año cuando todo vuelve a su estado original.
Ustedes vuelven a ser niños, volvemos a ser los más grandes. Desayunamos, almorzamos y mateamos juntos.
Nos metemos todos al agua y compartimos momentos intensos, espirituales y/o intelectuales. Nos despojamos de distracciones y nos reímos juntos de nosotros, nuestras virtudes y nuestros defectos. No es un problema cocinar ni lavar los platos y hasta que el sol se vaya y lo aplaudamos no subimos.
Amo este momento del año, me siento más mamá que nunca, puedo resongarlos aunque sean ya mayores y mandarlos a lavar la ropa.
Podemos compartir una cerveza y las galletitas.  Soy muy feliz.
Una semana al año con eso es suficiente para soportar la distancia del crecimiento y superación de cada uno.
Con una semana al año cada sonrisa y cada mirada se fija en mi mente juntando un álbum inmensamente rico, el más invaluable que tengo: el de mi familia.

 

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