En algún momento creí que la monotonía nos había agotado.
La rutina, la economía la paternidad y maternidad había consumido y desgastado todo lo que albergaba nuestro corazón. Y cuando me di cuenta de eso lloré como nunca, porque no concibo mi vida sin vos. Costumbre pensé, miedo a volver a empezar. Tu humor cambiaba demasiado rápido. Frente a mis cambios y descubrimientos vos levantabas un muro y en vez de acompañarme me alejabas.
Cuando ya era insoportable el dolor, el amor fue más fuerte. Por amor y por todo lo construido pedimos ayuda, porque en esta decidimos estar solos y no compartir con nadie lo que nos pasaba. Vergüenza o simplemente dejar las discusiones en el cuarto y que nadie metiera su humilde opinión. Lentamente aceptamos el problema y empezamos dolorosamente a reconstruirnos, muchas veces a la defensiva otras tanto inventando excusas para estar bien pero la insistencia y el empeño de resurgir todo lo que vivimos tantos años y nos mantuvo creyendo en nosotros.
Apostamos toda nuestra última gota de energía y dinero en vacaciones anticipadas.
Para aislarnos descansar, soltar rutinas y encontrarnos nuevamente.
Al segundo día paso lo que tenía que pasar. La fractura, la ambulancia, 300km a 160km.por hora.
Y solo vos estabas ahí. Me cuidabas, no dormiste por dos noches, y no porque habíamos tenido un bebé sino porque yo estaba lastimada. Me mirabas, me preguntabas por los dolores, me acariciabas, me cuidabas. El descuido marco mi infancia y ese gesto para mi es el mayor gesto de amor. Coordinaste todo: que nuestros hijos estuvieran bien, horarios en el hospital para que me cuidaran y todo el tiempo que tuviste estabas ahí; me diste de comer en la boca.
La madurez que reclamaba la demostraste en esos 5 días en el hospital.
Cuando volvimos estaba todo previsto tu hermana te había ayudado y el colchón especial estaba inflado, todo para el aseo resuelto. La medicación prevista, las órdenes para las próximas visitas al dr. bajo control. Vos estabas muy cansado pero no parabas de atenderme. Almorzabas al lado mío en la mesita de luz y en tus ratos libres trasladaste tu estudio de trabajo al comedor para cuidarme. No descuidaste nuestra economía y tu falla que era la planificación la desarrollaste sin consultarme intentando no preocuparme. No solo me dijiste mil veces que me amabas sino que me cuidaste y me cuidas haciendo vivas las palabras. Despertaste una adoración que es la misma que sentí con 14 años cuando me pediste que fuera tu novia. Ahora que lentamente recobro la independencia con las muletas y vuelvo a moverme y lloro y me enojo por mi situación vos no se ni como conseguís en un día de mi frustración el sillón mas cómodo para que pueda salir de mi cama.
Después de casi 20 días seguís pendiente a mi medicación, trabajando como si nada hubiera pasado, planificando la comida y pagando las cuentas. Tuve que quedar absolutamente imposibilitada para ver todo lo que no veía y que hicieras todo lo que no hacías.
Hace casi 21 años te elegí y no le erre. No estoy segura que frente a tal dificultad sin el grado de amor que nos une me hubieran cuidado de la manera que lo estás haciendo, y lo que emocionalmente significa para mi.
Martín te amo, gracias por acompañarme en las peores vacaciones de nuestra vida.



Pronta recuperación. Los seres humanos reaccionamos de maneras inesperadas. Por muchos años más derrotando a la monotonía. Claro que se puede!!
Paola, me llegaste muy adentro con tus palabras. Gracias por hacerme emocionar así. Es muy loca la forma que la vida tiene de mostrarnos lo que no podemos ver. Me alegra que se hayan podido conectar desde el amor así. Son dos seres hermosos . Y tú una gran escritora.
👋 , no soy tan cercano como para meter mucho bocado pero por otro lado tampoco tan ajeno como para pasar por este blog sin decirte o decirles, dejarte un comentario.
Mí esposa, me dice, ahora en tiempos de tormenta matrimonial, que hay cosas que el Señor permite que pasemos para llamarnos la atención o son consecuencias de malas decisiones pero que él siempre está.
Nosotros estábamos enfriando nuestro amor hacia el Señor y sí bien nos sentíamos mejor como pareja íbamos torciendo el camino espiritual.
Así que, resumiendo mi comentario, mis palabras son de lamento por tu mal pasar pero de alegría porque pudieron reencontrarse o volviste a esos 14 años.
Un abrazo a ambos.
Leí todos menos el primero y por Dios!!! Ni que lo hubiera escrito yo! Como la vida te lleva a una rutina que te hace pensar, me quiere aún? O es costumbre? Vivió ya más conmigo que con su madre….Y cada tanto esa misma vida monótona te manda algo que te da de cara, te tira, te quiebra y ahí te das cuenta. Por suerte siguen allí, queriendo estar con nosotras, amándonos y cuidandonos. Por suerte lo vemos y lo sentimos, sin eso no sé si tendríamos tantas fuerzas para encarar la vida y los cambios. Los admiro mucho