Hay atardeceres distintos todos los días.
Los más bonitos son en verano cuando el sol reposa y se sumerge en el mar, o por lo menos de donde me gusta mirarlos.
Pero no todos son iguales, algunos días el cielo está limpio y se pinta de amarillos y naranjas, otros cuando las nubes juegan con formas familiares se tiñe de rosado, rojo y azules se parece más a un hermoso, dulce y tierno abrazo.
De esos que no queres que se terminen. Entonces las nubes lo topan y él igual en su majestad pinta el cuadro más bonito, para no poder olvidarlo.
Y hay atardeceres como hoy, raros, ventosos con olas, con colores, con nubes pero sobre todo con despedidas; nunca definitivas porque el sol vuelve a salir cada mañana, pero con olor a nostalgia y abrir los brazos para que ese sol y especialmente lo impresionable de su esplendor deslumbre donde se necesita, quiera y se reciba en libertad…

