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No puedo con los finales, ni con los felices ni con los tristes. Esa manía de buscarle la vuelta a todo para que no se termine, pero se termina. El vértigo de la recta final, del desenlace del adiós, del adiós para siempre y del hasta el luego. Todas y cada uno me ponen en un lugar de vulnerabilidad impensado. El no volver a estar en lugares que me hicieron sentir mal y después bien, me genera un huequito que seguro lo voy a llenar con mil actividades. Aunque la gente es lo más importante. Con la que no te hablabas que seguro no te vas hablar nunca más en tu vida, con los que te caían bien que quizás por las redes mantengas el vínculo y con los que te llevabas re-bien, que los vas a extrañar mas de la cuenta. No me gustan los finales, no se lidiar con ellos todavía. Todos los que viví me hicieron daño. Espero que éste sea solo un hasta marzo.

 

 

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