Me acerco porque te veo, te siento y te escucho gris.
Me acerco, quiero darte lo que seguramente tampoco tengo, pero es lo que siento que necesitas.
Tengo en los huesos grabada la palabra dar. La impresión en mi mente de las palabras: calidad de vida, la que fue perdiendo durante esos cinco meses mi madre.
Fue tan claro cuando mi profesora de historia en tercer año nos dijo: “mediocres”, y tuve que buscar la palabra en el diccionario para entenderla.
Varias cosas quedaron impresas : “la mejor versión de mi”, “mediocre”, “calidad de vida”, “los otros”.
Seguramente la mezcla de todo eso y las impresiones que guardo de tíos arruinados, de padres enfermos, gente con dolor y no del cuerpo, forjaron en mí una persona que quiere ver en el otro lo mejor que se pueda.
E irrumpo en sus vidas, algunas de muchos años de amistad, otras sin palabras previas y busco la forma de ayudar a mejorar su bien estar.
¿Es una intromisión?: sin lugar a dudas.
¿Inconsciente?: hasta ayer que me di cuenta.
Porqué siempre de negro o gris, porqué el pelo revuelto, porqué el semblante triste, porqué solo en el fondo, porqué no sale adelante, porqué no es objetiva y ve la realidad, porqué no se establece….preguntas que ni yo puedo responder.
Ser la Madre Teresa de Calcuta, la Mujer Maravilla o Uma Thurman en Kill Bill, cansa. Una cosa es ser amiga y preocuparte por la gente que amas y te ama y sea recíproca esa preocupación, otra cosa extremadamente desgastante es preocuparte por todos los que te vas cruzando en el camino y pensas que podes ayudar.
A veces económicamente o regalando cosas, otras veces involucrándote en sus vidas con tal de verlos mejor, siendo la palabra “mejor” solo la mía y por ende el otro no la recibe, porque se ve bien y no necesita de ningún cambio. Y das y arriesgas hasta que generalmente se abandona el proyecto, porque nada que sea unilateral e involucra a dos personas, puede ayudar a ninguno de los dos.
Y es bueno darse cuenta, porque cargas con menos peso. Con el peso muerto de quien no necesita de tu presencia en su vida.
Es raro porque siempre viví así y muchas veces funcionó, se que fui canal para que otros estuvieran mejor.
Es algo así como un mandato, un karma quizás, o eso de haber visto tanta devastación humana a mi alrededor que no soporto que se repita.
Pero vuelvo a lo mismo, a penas puedo con mis miserias, mis dolores y malas decisiones como para dar a quien no quiere y no entiende que necesita de una amiga en el más amplio sentido de la palabra.
Por lo pronto me reconozco como Uma, más allá del parecido físico y analogía de la sangre derramada, ahondando solamente en lo mío y los míos . Decido colgar el traje con la placa de “arregladora de personas y vidas” que nunca me pidieron ayuda y me pongo mi campera gris mis championes blancos mi jean corto para que se vea el sol que me acabo de tatuar y salgo a caminar por la orilla de la playa buscándome y dejando que me encuentren, para arreglarme y seguir extendiendo la mano.

