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Suena el despertador, no lo puedo creer todo empieza otra vez. Un ratito más por favor.
No solo de soñar sueños perfectos sino de no despertarme, de que todo no empiece otra vez.
Pero la urgencia en mi cabeza me hace saltar de la cama, 7:30 ya estoy arriba. Me visto con la misma ropa de hace 4 días y antes de ir al baño paso por su puerta entornada y miro. Si me ve, me saluda: hola Paolita cómo dormiste?, sino me saluda es porque está dormitando, él desde las 6:00 esta despierto.
Trato de demorar poco en el baño una buena mojada de cara me hace reaccionar.
¿Pasó toda la noche con el mismo pañal, y ¿si está sucio? y ¿si se lastima la piel ?. La bolsa de la sonda vesical debe estar llena.
Vamos Paola atate el pelo y pone la mejor cara porque se da cuenta. Ayuda a recobrar la decencia de este hombre de 71 años, más alto que vos y más pesado que vos.

Salgo del baño y entro al cuarto sea cual sea la opción anterior, se incorpora.
Yo abro la ventana, corro las cortinas y el sol inunda el cuarto que fue de mis hijos y se lo dejaron al abuelo.
Me da un beso con unos buenos días hijita!.

-Como dormiste, le pregunto?.
– Sabes que me desperté toda la noche, el tilo me lo tenes que dar después de la quetiapina creo que va a ser mejor….
Suspiro le beso la frente y empiezo.
-Revisemos el pañal, vamos a poner una toalla abajo y ponete de costado. ¿Vos que pensas, hiciste algo?
-Pa seguro hay un enchastre…pobrecita mira el trabajo que te causo.
-Vamos a ver papá, no jorobes, seguro vos me limpiaste la cola alguna vez. Bueno el pañal está limpio.
-Vamos a lavar la cara y desayunar, así después toca baño te parece?
-Me parece.
Voy al baño traigo la palangana con agua tibia, la toalla y le acomodo las almohadas para que quede bien sentado. Mientras se lava la cara o se moja los ojos, pongo la taza de café con leche en el micro y unto dos panes con dulce de leche, así es como le gusta. Me llama y yo voy con la bandeja.
Cambiamos palangana y toalla por repasador y bandeja.
Lo dejo desayunando y empieza mi día.
Me siento a desayunar y muchas de estas mañanas me esperan con algo especial para levantarme el ánimo. Pero a las 8:30 o un poquito más cuando me siento, mi cuerpo se impone y se apoya con la gravedad sobre mi silla de madera, como que ya fueran las 3 ó 4 de la tarde.

Termino de desayunar y siento mi nombre a los gritos o me chiflan tal cual llamando un perrito.

Entro y la taza apoyada en la cama esta caída y un pequeño charco en el piso. Recoger, limpiar rápido y empezar:
⁃ Hacer los ejercicios en la cama
⁃ Buscar y aprontar la ropa para bañarse
⁃ Llevar el baño portátil a la ducha sacar su shampo, jabón y esponja.
Se para en las pantuflas y se sostiene del andador, se cansa y se apoya en la cama.
Traigo la silla de ruedas y se sienta y lo llevo al baño.
Por el decoro que se merece la situación (vale aclarar) no voy a contar ese proceso pero sí aclarar que nos lleva más de dos horas bañar a un niño tan grande. El se desespera por colaborar, pero es imposible sin supervisión y ayuda.
Salimos del baño vestidos, abrigados previendo el golpe de frío/calor.
Secamos el poquito pelo que tiene y le aplico el anticoagulante que acepte dárselo yo porque cuando me quebré también me lo di. Le pincho la panza y miramos la hora, ya es la hora de almorzar.
La comida la resolvimos la noche anterior eso es un alivio. Igual todavía es raro comer todos juntos.
Me tiro en el sillón, ahora si necesitaría que se terminara el día. Pero después de almorzar tengo que llevarlo a dormir la siesta y ayudarlo a que logre recostarse en mi sillón, curarle los puntos con alcohol para que sequen bien, correr las cortinas, levantarle los pies, ponerle una manta y entornar la puerta.

Después atender los mails de nuestros clientes y revisar las planillas por si no puedo revisarlas en otro momento y caen vencimientos. Hacer presupuestos que con la cuarentena no nos podemos dar el lujo de no pasar.
Y la noche se hace larga, lo acuesto 23:30 y me quedo a sus pies hasta que se duerma, un rato después me toca a mi.

Esto lo he vivido 18 días corridos hasta hoy, y seguirá siendo con la incertidumbre que me proporcione el mañana.
Si esto comienza a ser mi cotidianidad, porqué sigo llorando, o tan cansada y mi cuerpo no se acostumbra?
Porqué cada día que arranca y cada día que termina tengo la necesidad imperiosa de que me abracen, que me mimen, que sienta que por mi columna entran las fuerzas de otros y otras que me quieren para poder pararme y volver a empezar.


Es claro los 18 días los viví yo, y el próximo tiempo que no se calcular, para los otros será mi cotidianidad y ellos con sus vidas, y yo solo seguiré pidiendo abrazos, llorando en la ducha y aprovechando los ratitos de sillón o llamadas telefónicas hasta los encuentros reales, que tenga y necesito para sostenerme de pie un día mas.

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