Skip to main content

Cuando todo esto termine quiero respirar y sentirte en mi nuca oliendo el perfume que compramos en Panamá, darme vuelta y reírnos porque me hiciste cosquillas. 
Mirarnos por un instante y volver a soltar la carcajada. Pero cuando tu brazo me agarra la cintura para acercarme, los labios cambian, no hay palabras, solo miradas. 

Tus pinceles me dibujan, me delinean, marcan mis sombras oscuras y resaltan mis luces. Lentamente atraviesan el largo de mi cuerpo deteniéndose en los lunares y pestañas, coloreando los tatuajes y pintándome las uñas de los pies.

Yo sin embargo cuando te miro, es distinto, yo puedo empapelar un muro con todo tipo de lenguaje. Desde el más dulce hasta el más sucio. Y seguir porque sos todas las palabras y garabatos que tengo en mi mente y en mis mil libretitas.
Traducirte a mil idiomas, esos que no conozco, esos que no se hablar pero con vos fluyen.

En común es el abrazo que nos hace latir fuerte, cuantas ganas de unos de esos abrazos despreocupados tiernos y que me contienen apoyada en tu pecho y tus brazos me cubren.

Y yo mirando el mar, vos mirando una revista y de reojo mirándome de espaldas de arriba abajo, escuchado música, siempre hay música, con 2 cervezas artesanales, una roja y otra negra, en el cuarto de la casita que solo yo se llegar. Vamos a planear el viaje que haremos solos.
Mirándonos, hablando en todos los idiomas, probándome todos los perfumes  en algún aeropuerto del mundo y que no te canses de olerme el cuello para elegir juntos el más dulce.

Deja un comentario