La empatía y dolor me hacen pensar una vez más lo implacable del tiempo. El tiempo otra vez.
Fui atravesada por ese concepto, despierta si se quiere del dolor de ese término.
Lo que vas construyendo es acumular tiempo y lo que destruís, derrumba lo acumulado.
El tiempo largo y corto a veces es igual, porque la intensidad, la potencia, el amor que le pones es lo que cuenta.
Obvio lo que se formó en más tiempo parece que tiene más valor, pero será que es así?
No será que nos deslumbra más, cuando abrió la Flor, que cuando veíamos el capullo cerrado?
Que la acumulación de momentos no siempre habla de buenos momentos.
Salomón en Eclesiastés, habla un poco de esto, de que todo tiene su tiempo. Acá abajo no hay eternidades, acá hay temporalidades.
Él dice, hay:
tiempo para reír y tiempo para llorar,
para plantar y sembrar,
para empezar y terminar.
Todo tiene su…tiempo.
Somos seres temporales y particulares para el tiempo y este solo existe en función y para nosotros.
Que inventemos el tiempo nuestro a medida, tipo sastre y sea el mejor o el peor pero que sea el nuestro.
Y que podamos disfrutar de cada instante como si en una hora no fuera existir más.


