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Siempre me quejo de sentirme sola, que en los momentos especiales de mi vida conté con muy poca gente y casi nadie de mi magra familia.
Amo festejar los cumpleaños, invito generalmente a todos los que me rodean, los que nos vemos siempre y los que con vernos un par de veces es suficiente para que seamos amigos. Realmente disfruto del bullicio y de estar juntos.
Durante el año corremos tanto y me incluyo ampliamente que no hay tiempo, para un café, una caminata por la rambla y a veces ni para un wp.
Por eso jamas me enojo si perdemos contacto por mucho tiempo,  se que nos vamos a volver a ver si queremos.
Ahora con la inmovilidad fue distinto. Imposible mirar tele o leer, el dolor y el calor te agobian. El único momento que tu mente sale del problema es cuando vienen a visitarte.  Conversar, contar hablar de cualquier cosa hace literalmente que salgas por ese rato de la situación.
Y ahí me acorde de Aristóteles y la clasificación de los amigos, en “Sobre La Amistad, Ética y Nicómano de Aristóteles.”
El define tres tipos de amistad (le encantaba clasificar todo):
– amistad basada en la utilidad: solo están si pueden obtener algo,
– amistad basada en el placer: se juntan dos individuos para pasarla bien, salir, disfrutar y cuando las cosas que los divierten o entretienen se disipan es probable que no se hablen más.
– amistad basada en el bien, o virtud. La unión de dos personas buenas e iguales en virtud, es la amistad perfecta según Aristóteles. Estas, desean el bien el uno al otro y no esperan nada a cambio de lo que hacen.
La amistad que dura por el simple hecho de que ambos o todos los implicados quieren que dure.
En este momento los necesité a los tres, a cualquiera que quisiera venir.
Debo hacer una confesión funesta, yo hace un par de años que no visito enfermos, que he descuidados mis relaciones.
El último año me descubrí, y elegí no acercarme tanto, darme espacio, procurar nuevos conocidos pero la verdad es que cometí un grave error.  No en procurar nuevas amistades porque siempre suman y te engrandecen sino en descuidar a los que siempre estuvieron y ahora más que nunca estuvieron.
Hicieron turnos en el hospital, se sentaron al lado de mi cama durante mañanas enteras solo para cebarme mate, organizar meriendas de restaurant como si hubiéramos salido a merendar.
Cenas, almuerzos.   Pasadas para darme un beso, para “sacarme de ambiente”.
Ahora lo que queda claro es que todos ellos entran en la última clasificación de Aristóteles los amigos desde siempre y para siempre, los incondicionales, los que no estamos de acuerdo pero no reímos a carcajadas, tenemos diferencias de edad y no se nota cuando de amistad y amor se trata.
Vimos crecer a nuestros hijos y lloramos de la risa hablando de coincidencias de conducta o compartimos la música que nos permitimos escuchar.
Yo se que muchos quisieron venir y todavía hay tiempo, otros no pueden por la distancia, soy ampliamente consciente que vivo lejos y que la vida diaria continua.
No me quejo y no juzgo a nadie y voy a seguir considerando amigos a todos, de hecho pienso nuevamente la cantidad de veces que falle a la cantidad de personas que me consideraban su amiga.
Me encantan los mensajes en las redes, de los lejanos y los amigos, los que me escriben por wp y los que me mandan audios. Paso mucho tiempo contestando y eso también me “distrae”.
Mi abuela Aida tenía un jardín, el más bonito, habían rosas, girasoles, margaritas, pequeñas tunas, jazmines  y dalias. Estas últimas eran las más lindas las cruzaba y salían con combinaciones de colores increíbles. Hoy las dalias también sobresalieron en mi jardín, todas son lindas, importantes y ocupan un lugar en mi vida, pero las dalias han adornado mi proceso y le han puesto color a mis días grises!!.

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