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No gracias, en este momento no necesito servicio de acompañantes…

By Mi lenguaje7 minutos de lectura

Cuando mi mamá se enfermó antes de sus 5 meses de agonía, éramos mi hermano, mi papá y yo. 
Su familia no estaba ni contábamos con ella, aunque era una mujer joven con 58 años, tanto sus hermanos como sobrinos, no los vimos hasta el día del velorio.  En ese momento mi cuñada se enferma y mi hermano tenía que estar con ella, y mi papá literalmente entra en shock, y no pudo con la situación hasta el día de hoy.  
Quien se hizo cargo de casi todo con un bebe de 1 año y dos niños chicos fui yo.  
Me desesperaba porque estuviera limpia, porque comiera…porque viviera un poco mas.  Pensé en llevarla a mi casa y armar en el living una habitación de hospital con los mil aparatos que necesitaba  y cuidarla día y no noche.  Pero tenía un bebé que me esperaba para alimentarse de una leche agria de dolor que claramente lo destetó.  Los otros dos que necesitaban a su mamá y yo que solo podía llorar.  
Una psiquiatra amiga me aconsejo que buscáramos un asilo para que por lo menos su calidad de vida fuera la mejor hasta el último momento.  Allí me acompañó un pastor, mas que un pastor una amigo, el papá de una amiga que había vivido lo mismo,  juntos definimos el lugar y el me ayudó a negociar el precio. 
La trasladamos al residencial.  No hay nada mas horrible que dejar a tu mamá en un lugar que no es su casa y sola, mas allá que ella estuviera consiente o no, es un lugar desconocido hasta para mí.  Como había vaticinado uno de los tantos médicos que la asistieron su vida se consumió en 5 meses exactos. 
El día de su sepelio, me llamaron a mi para organizar todo y yo tuve que avisar según la agenda personal de mamá y con su letra a todos sus allegados la fatal noticia. Hoy luego de 14 años cuando lo creo superado se me escapan las lágrimas entre las pestañas sin que las pueda frenar, todavía la extraño.
Ese día cuando el bebé tenía 1 año solo pude pensar que tenía que tener otra hija mujer.
Tenemos 3 hijos: la mas grande mujer y los otros dos varones.
Es un número de hijos importante por lo que habíamos decidido no tener mas. Pero me parecía injusto y muy duro dejarle a un solo hijo la tarea de bañar a su mamá en la cama, cambiarle el pañal, y arreglar su entierro.
Como no estaba dispuesta a tener mas hijos y las probabilidades que tuviera una niña eran solo del 50% continuamos con nuestra vida sin pensar mucho en un futuro perverso o nefasto.  Mas bien nos preocupamos que los tres supieran cocinar, limpiar la casa y resolver todo problema que se les presentara emocional o económico. Y así vivimos hasta este verano.
Cuando me accidenté, tenía al lado mío los dos varones. 
Cuando sentí el crack-crack de mi pierna solo grité el nombre de mi hijo del medio, porque sabía que él me podía ayudar.  
Llegó, me vio y me dijo: 
– estás bien?, -te sentís bien?, 
– si me quebré siento el hueso le dije 
 Me respondió:
– ya se por eso te pregunto.  
– Por favor mira para otro lado no te mires la pierna, y en un impulso cinchó el pié hacia él y lo acomodó, salvándome de romper una arteria por ejemplo. 
Enseguida le ordenó al mas chico que fuera a buscar a mi esposo y el se quedó sosteniendo la pierna (sabía lo que tenía que hacer). 
Llegó mi esposo con mi hija y un doctor que justo estaba en la playa.  El médico salió a buscar algo para entablillarme y el mas chico (resolviendo bien) fue a buscar a los guardavías.  Mi hija la mas grande se puso a mi lado junto a mi cara y empezó: 
-mamá, vamos a respirar juntas así el dolor se alivia, mira que hermoso está el cielo, vamos mami vos podes, respiremos yo estoy contigo.  Y me acarició el pelo sin moverse de mi lado.
Cuando el doctor volvió y los guardavidas vinieron, me entablillaron con lo rústico que tenían, una tabla, trapos y una cuerda. Mi esposo se encargó de que juntaran todo lo de la playa y lo llevaran a la casa.  Mi hija me trajo un vestido y ropa interior porque se imaginó que no iba a ir de maya al hospital y los guardavidas al rededor mío cuidándome del frío.  Por orden del médico me sacaron del agua y me llevaron a arena seca, hasta que viniera la ambulancia.   Mis tres hijos estuvieron ahí hasta que me trasladaron y mi hija vino conmigo en la ambulancia.
Ya pasada la operación y en casa tenía un escuadrón: unos limpiaban, otros cocinaban y se turnaban para sentarse a mi lado.   
Cada uno con sus características, estaban preocupados de que no me doliera y que me distrajera. 
Mi hija me ponía cremas, me ayudó a bañarme y me peinó, si bien su carácter no es de demostrar afecto me abrazo y me beso mil veces.  

El mas chico que es fan del rap estilo musical que compartimos, venía a cada rato a mostrarme un tema nuevo, un banda nueva que había descubierto y pasaba horas acostado al lado mío.  Traía sus libros y los dos leíamos en silencio pero juntos. Y estrene Harry Potter, nunca había visto una película completa, hoy puedo decir que la primera la vi con él.
Y el del medio durante una semana entera que su hermana ya había empezado a trabajar, su hermano chico estaba de campamento; no solo limpió y ayudó a cocinar sino que todas las tardes trajo la guitarra clásica para tocarme temas de Drexler.  Temas que me encantan porque son de discos viejos y que me animó a cantar con el.  Yo soy muy mala catando, pero a él no le importó, ni se burló, dos por tres terminábamos riéndonos a carcajadas. Tuve conciertos todas las tardes y hasta escribí una canción.  Ya estaba con muletas y no se corría un metro de mi lado, hasta me rezongaba si hacía algo osado.
Justo estábamos en vacaciones, y no había exámenes y a pesar de sus actividades en sus ratos libres estaban acá para lo que necesitáramos.  Nadie se quejó de que arruiné nuestras magras vacaciones anuales o que pasamos fin de año en el cuarto al rededor de la cama.
Cuando respiro hondo y miro para atrás y para adelante esta claro, no era necesario tener otra hija mujer.   Solo se necesita mucho pero mucho amor y eso mis tres hijos lo tienen por igual.
P.d.: Hoy tienen 20, 18 y 14.

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