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Una sencilla ducha

Levanto la canilla y veo salir disparadas las gotas.
La miro y me río a carcajadas y ahí en ese instante empiezo a sentirlas correr.

Lo primero que apunte fue a mi cara, ni toallitas húmedas, ni esponjas,  la lluvia atrevida que se entremete en los ojos semi-abiertos, en toda la cara; no paro de disfrutarla.

Es como un buen augurio es como un canto alegre en la playa.

Hacía tiempo que no tenía la dicha de sentirla, en los veranos intensos y húmedos del Río de la Plata es insoportable no poder sumergirse o por lo menos ducharse una vez al día.
Los días en cama de diciembre y enero los padecí.

Y por eso hoy no paro de reír, que me entre agua en la boca que se me empape el pelo que el agua recorra cada rincón de mi piel hasta llegar a las heridas también tienen permiso de recibir agua.

Salí con la cara colorada del baño, dicen que porque puse la canilla muy caliente ó por el vapor, se equivocan yo se que fue porque no paré de reírme.

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