Cuando llegas al fondo, cuando ni siquiera llorar funciona, ni enojarte, ni culpar.
Cuando sentís que cada pedazo del cielo raso se empieza a caer arriba tuyo y te tapas la cabeza con las manos y esquivas las tapas de material para que no te lastimen…
Así fue arrancar el año quebrada en la literalidad de la palabra: física, emocional y económicamente. No tendría que haber sido la forma de empezar un año, pero se dio así, devino de esa manera y lo único que se podia hacer era nadar contracorriente a la par de los salmones.
Hace un par de semanas, laboralmente, lo que técnicamente no tenía que pasar, paso. Tarea que me encargo yo, fue tan fuerte como si me hubieran quebrado la otra pierna. De repente, sin aviso, inesperado, nuevamente sin soluciones rápidas. Otra vez a intentar llevarlo como pueda y seguir.
Un invierno gris, frío, complicado, sin un lugar donde poder ver el sol.
Pero el fondo, cuando llegas al fondo de verdad, te das cuenta que era una cama elástica y en este caso tocar fondo es sinónimo de salir volando.
No ver el sol, es estar al lado, respirar profundo el aire no viciado por ansiedad y estrés, la economía devastadora o el cansancio.
Ese instante de felicidad, ese salto al vacío lo alcancé hace unos días, en una semana rara, sorpresiva, provocadora. Con su pico más alto el día que me presente ante la Institución Educativa para tomar las horas de profesora suplente de Filosofía en bachillerato. Mi primer experiencia.
Me preguntan si no es osado, por supuesto que lo es y esforzado también. Tengo una responsabilidad enorme, tengo que estudiar extra y seguramente sacrificar mis fines de semana para planificar las clases, para pensarlas y consultarlas con colegas y compañeros; pero si llegue hasta tan abajo no voy a dejar pasar una oportunidad y voy a disfrutarla y divertirme los más que pueda, esta vez me atrevo a decir que me lo merezco!. La felicidad de estar en el aula no puedo describirla.
Lo que me toca ahora es no bajar rápido sino mas bien abrir grandes las alas para planear, aprender de los pájaros, llegar a diciembre y después lentamente bajar a descansar.
Finalmente ni las dos piernas quebradas me detuvieron.



Comparto la reflexión, tenemos que lograr transformar los momentos difíciles en nuevos impulsos y en estímulos para seguir adelante.
Juan