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Ellas tienen una potencia que no siempre saben que tienen.
Incluso después de haber parido, no dormido por meses o cocinado para toda una familia.
Siguen viéndose como débiles, como que hay ciertas cosas que no pueden hacer.
No llegan a la fuerza física y las agallas necesarias para hacerlo.

Pero en algunos casos, la vida, los hechos, la madurez mental y en el mejor de los casos Dios, les recuerda la finitud que les da la permanencia en la tierra.
Y ahí es cuando piensan, realmente ¿no puedo?. O es un papel que tomaron, porque es el normalizado, el que la sociedad y su comunidad dijo que era.

Y detrás de esa pregunta vienen una catarata de preguntas mas:

– Si en realidad puedo, de todo lo que puedo ¿qué quiero?.
– Hay algo que no hice, pospuse, atesoré y no me moví porque mi lugar era otro.
– Y ahora que mi mente se despertó, que parece ser que los lugares ya los viví y los viví bien, ya educamos y casi todos caminan sus caminos…ahora, ¿es mi tiempo?.
– Y, ¿cómo es que sea mi tiempo?.
– Lo uso solamente o, ¿tengo que pedir permiso?.
– ¿Y si al resto no le gusta lo que elijo, o el cambio que provoca mi elección les molesta o desilusiona?.

Pero en sus cabezas resuena, finitud terrenal.  Ojo creen en la eternidad del alma, pero acá, donde tocó crecer y vivir tiene un límite y es el tiempo.

Se mueven por eso que creen que quieren, y la pieza del dominó se movió y si se mueve una…en una sucesión de hechos se mueven todas.  Y es obvio, lo que construyeron por mucho tiempo, si algo se mueve incomoda.  Así que, seguramente, comiencen las diferencias.  Pero la finitud vuelve a resonar, es como que las persigue, seguramente es para que no claudiquen ante la inercia construida.

Ahí va una de ellas, que parece ser adulta. Recibió la Epifanía de la finitud de su vida terrena y quedó absolutamente convencida que tiene muchas mas capacidades, fuerza y vida de las que siempre pensó y emprendió un camino sincero con ella y el resto de lo que ella es, quiere ser y está trabajando para serlo.

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